martes, 23 de junio de 2009

EL SUEÑO QUE ALGUIEN SUEÑA

Aquí está otro cuento:
EL SUEÑO QUE ALGUIEN SUEÑA


He abierto los ojos para ver, crudamente, el problema, hace sólo un instante. Hace sólo un momento procreo, con una amiga, ideas que corren y se esconden, sigilosamente, en nuestros corazones ¡Corazón a corazón! Sentados, uno junto al otro, como en un retrato matrimonial. Dos amigos sobre un gran sofá, en la sala de una casa, en Chimbote. La casa la habita María. Ella tiene sellada la sonrisa de Cupido en la frente. Cada segundo que transcurre aumenta su divino poder, el encanto de sus misteriosas saetas.

Y, de pronto, algo ha secuestrado a la magia. Me lo dice, al oído, el aire, y lo descubro yo mismo. Y esto me perturba más y más. La serena brisa se ha revelado como un pervertido huracán. Mientras gozaba tan sólo mirándola, he retornado de ella a mí, al advertirme, literalmente, sin pulsos ni latidos. Me examino repetidamente, y nada cambia:

-¿Te encuentras bien, Luis? –pregunta ella al verme deshecho.

-¡María, pronto! –le digo-. Pon tu mano sobre mi pecho.

Ella, chica obediente, lo hace. Pregunto por algún latido y no me da esperanzas. Enloquezco.

-¡Cálmate! –me dice-. Todo esto es sólo un sueño.

-¿Un sueño?

Me pellizco y confirmo… ¡Felicidad!

-Dentro de poco despertaré y no sentirás nada -me dice María-. Sigamos conversando.

-¿Cómo dices?

-Este es mi sueño, ¿no te has dado cuenta?

-Pero…

-Sigamos conversando –insiste ella-. Hay que aprovechar el tiempo. Ya me voy a despertar.

Pero no puedo. Para mí ya no hay tiempo ni paz. No quiero morir cuando María despierte. No quiero disolverme, como un recuerdo perdido, en las aguas del inconsciente de una persona que sueña un sueño fugaz. Quiero ser Luis todavía… Quiero seguir siendo yo.

Dependo de la mente inconsciente de María. Mi existencia es comedia. Los recuerdos y lo vivido son guion. Viviré mientras duerma María, luego ya no. Es probable, se me ocurre, que si no se duerme en mi mundo, aún no despierte en el suyo. ¿Será posible? En ese caso mi vida no sería tan corta. ¡Bendita esperanza! Voy de su amueblada sala a su cocina y preparo café. Luego regreso y me esfuerzo entreteniéndola, pero desea dormir, y que me vaya, pues supuestamente el reloj marca las once de la noche. Miro hacia la puerta. Y pienso por un momento, si debería matarla para atrapar, quizá su conciencia en este fatal sueño. No me atrevo, pues la amo. Me despido resignado a morir.

Llego a casa sólo para dormir y soñar mi propio sueño…, pero hay un despertar. ¿Qué habrá pasado? ¿Es qué María no durmió? La llamo a su celular. Me contesta relajada. Se nota que ha dormido. Entonces, me doy cuenta de mi error. Ella me ha mentido. No es ella la que sueña este sueño. De otro modo yo ya habría desaparecido. ¿Pero quién es el que nos sueña entonces? Debo descubrirlo.

Voy tras el soñador que seguramente está escondido entre nosotros. Busco en la biblioteca pública y en internet. Hasta visito a un agradable psiquiatra. Pero después de una corta entrevista, ya cree que estoy loco. Yo me voy enojado.

¿Será acaso qué el soñador, como yo lo llamo, no tiene forma humana en este sueño? Podría haber adoptado la forma de un perro, un gato o una hormiga. Ser el viento, el Sol o una rara metáfora onírica, como una mancha roja en el cielo. Si es así mi búsqueda ha finalizado. Debo aceptar impotente mi final. ¿Pero y si nadie sueña este sueño? Tal vez, el sueño envejezca y desaparezca, nada más.

He abandonado las esperanzas, pero no la angustia y pregunto al que tengo más cerca: ¿Es usted el soñador de este sueño? O a otro ¿Es usted nuestro soñador? No responden. Todos me miran con unos ojazos y sonríen a una supuesta cámara escondida. Hay uno, sin embargo, que parece entender. Es un alma privilegiada. Pero, me dice que no me preocupe, porque a lo mejor ni siquiera existimos. ¡Hay que divertirse hermano! Eso es todo.

Yo si estoy preocupado. Temo por la vida del soñador tan indefenso. Me aterra la idea de que deje de respirar, le dé un paro cardiaco, se le hunda el piso o, tal vez, un misil caiga sobre su cuarto.

¿El soñador será hombre o mujer? Si es mujer podría llamarse María. Si es hombre, tal vez sea el vendedor de periódicos, el lechero, el carnicero o un borrachín durmiendo en una sucia y fría banca de algún parque solitario. Lo mejor es ya no pensar más.

Para distraerme voy a ver a María. Y como sé que este sueño terminará muy pronto. Yo, por eso, así de pronto, la beso en cuanto abre la puerta. La empujo suavemente dentro de la casa y la desvisto sin que ella se oponga. Arrastrado por mis instintos, en un mundo que es sólo sueño, yo disfruto al máximo mi existencia efímera.

Al rato, cuando todo está en calma, llaman a la puerta. Se trata de Carlos un amigo en común. Ni bien llega nos mira acongojado, pero no quiere pasar a la casa.

-Yo soy el soñador de este sueño –nos dice Carlos mientras sonríe con melancolía- Y ya voy a despertar. Fue un gusto conocerlos.

Entonces, nos volvemos fotografías en blanco y negro ante aquella revelación. Ahora sabemos que en realidad no existimos y que nuestras conciencias pertenecen a Carlos, nuestro dios todopoderoso, el soñador.

Finalmente se los dije. Es mejor así. Al menos fue una bonita historia de amor. Pero ya se terminó todo. Pronto despertaré. Siento que me llaman por mi nombre…

-¡Carlos! ¡Carlos! ¡Despierta!

-¡Eh! ¿Qué ocurre?

-Te has quedado dormido sobre el sofá de la sala.

La que me ha despertado es mi mujer, Rosa. Felizmente ya estoy despierto. Debo ir a un compromiso. Y ya son las cinco de la tarde.

Después de arreglarme abro la puerta para enfrentarme a la calle, y avanzo decidido hacia la avenida Pardo para abordar un auto. En el camino muchos me observan. Los que parecen hombres llevan sombreros rojos y sacos azules. Las que parecen mujeres, todas pelirrojas, llevan blusas blancas y minifaldas rojas. Los saludo a todos sonriendo. Me produce gran alegría este encuentro. Elevo los ojos y los uno al cielo, y siento un poco de nostalgia al ver un sol plateado que se va ocultando por el oriente.
PABLO ALBERTO TORRES VILLAVICENCIO

No hay comentarios:

Publicar un comentario